Continuando con la historia

junio 30, 2009

Estos días (semanas, en realidad) he estado muy distraído, por lo que no he podido continuar la historia, además había prometido que sería exclusiva de FrikiBCS, pero qué diablos, si a nadie le importa eso en realidad. XD

Así que para los que quieran seguir leyendo esta historia podrán hacerlo en cuanto salga en este blog o esperarse hasta el viernes que se supone es el día en que publico en la comunidad. Aquí están los links a los dos primeros capítulos de la historia, que los disfruten.

Capítulo II – La Mansión

Capitulo I – Almira

Grabiel de Elvelad  Capítulo III – El principio

El principio… uno pensaría que el principio es el inicio de mi vida, cuando nací, pero no hay nada relevante en mi nacimiento, excepto que fue el último día que mi madre vivió. Mi padre, Patrik de Elveland cuidó de mí desde entonces, fue un buen hombre, muy paciente, a pesar que desde pequeño fui un niño muy inquieto jamás me reprendió excesivamente. Le gustaba hablarme de mi madre, de su infinita belleza, y de cuánto me había amado.

Mi padre fue herrero, de niño veía muchos guerreros acudir a él en busca de armas y escudos, algunos me platicaban historias de grandes hazañas en una guerra pasada y de cómo 5 Maestros habían podido vencer al malvado. Crecí escuchando todas estas historias sin tomarlas en cuenta, creí que eran leyendas y yo quería mis propias aventuras, cuando tenía oportunidad me escapaba al bosque e iba en busca de tesoros y aquellos seres de los cuentos: magos, brujas, duendes, ogros, pero jamás encontraba nada, lo más cercano a una aventura fue encontrarme con algún animal y éste salía huyendo al verme. Pero un día eso no ocurrió, me encontré con un jabalí como poseído por un demonio, embestía un árbol desesperadamente, me acerqué un poco para observar detenidamente lo que hacía el animal, pero cuando detectó mi presencia, enseguida me embistió, me protegí con los árboles, como era hijo de un herrero estaba familiarizado con las armas y por supuesto llevaba una pequeña espada conmigo, me enfrenté al animal, aprovechando los árboles esperaba a que embistiera y me protegía con ellos, aprovechando el momento en que el animal estaba aturdido por el golpe lanzaba mi ataque, apenas le hice algunas heridas, el animal era demasiado fuerte para mí, no quería hacerlo pero tenía que huir, corrí, pero el jabalí pronto empezó a darme alcance, estaba a punto de hacerlo cuando sentí que un brazo me sujetaba y me levantaba, de pronto me encontraba sobre un hermoso corcel, el caballero que lo montaba tomó su arco y disparó una flecha al animal, el disparo fue certero, el animal cayó muerto al instante, el caballero volteó.
– ¿Estás bien, muchacho?
No podía hablar de la impresión, pero como pude balbuceé:
– Sí.
– ¿Cómo te llamas?
– Gabriel, señor
El caballero se sorprendió un poco y me preguntó:
– ¿Gabriel de Elveland, hijo de Patrik? –
Asentí.
– ¡Qué coincidencia! Justamente iré a ver a tu padre, te llevaré a tu casa

En el camino el caballero preguntó:
– ¿Qué hace el hijo de un herrero en el bosque?

Todo el mundo daba por hecho que seguiría los pasos de mi padre, que me convertiría en herrero, eso me molestaba, a mí la herrería no me importaba, pero si le respondía eso al caballero se reiría de mí, sin embargo lo hice.
– Estaba buscando una aventura.
El caballero me miró seriamente, como buscando algo en mi rostro hasta que finalmente dijo:
– Pocas personas se atreven a venir solas aquí, eres valiente, muchacho.
Me sonrojé, nadie me había dicho valiente jamás, siempre me habían llamado loco. Continuamos cabalgando en silencio el resto del camino y cuando llegamos a casa mi padre estaba en la herrería, como siempre, no se había percatado de mi ausencia, estaba trabajando en un encargo especial y cuando eso pasaba ignoraba todo lo demás.

Al entrar el caballero saludo
– Tanto tiempo, Patrik.
Mi padre pareció reconocer la voz, porque dejó de hacer lo que estaba haciendo y miró al caballero
– Mucho tiempo, Remiel.
¡Qué acababa de oir! Mi padre lo había llamado Remiel, ¿acaso ese caballero era uno de los Maestros de la leyenda? Pero sobretodo, ¿mi padre lo conocía?
– Tu encargo ya está listo.
Dijo finalmente mi padre.
– Sabía que podía confiar en ti.
Mi padre sacó de una preciosa daga de un cajón y la puso sobre una mesa
– Es perfecta.
Dijo el Maestro y acto seguido mi padre descubrió que me encontraba detrás del Maestro y preguntó
– ¿Qué haces ahí? Deberías estar en la casa, hay muchas cosas que hacer.
Enseguida mi padre se dio cuenta de que no había estado en la casa en mucho tiempo, mis ropas sucias y mi camisa rasgada me delataban
– Andabas por el bosque, ¿verdad? ¿Cuándo dejarás de soñar con aventuras?
El Maestro lo interrumpió
– ¿Por qué no me habías dicho que el muchacho era valiente y tenía esas     inquietudes, Patrik? Sabes que siempre hubo una puerta abierta para ti en la         orden y sin duda para tu hijo.
¿De qué estaba hablando el Maestro, “una puerta abierta”?
– La orden es todo menos aventura, es un compromiso, es jurar proteger este reino y su gente, es anteponer tu bienestar, tu propia vida al bienestar del reino
Eran las palabras más profundas que le había escuchado decir jamás a mi padre
– Sin duda tienes razón, Patrik, pero eso se aprende con el tiempo y si este muchacho es valiente…
Mi padre hizo un ademán para que se callara, pero el Maestro continuó
– Pudiste ser el sexto maestro, Patrik, tu hacha pudo haber pasado a la historia, y ahora este muchacho que sin duda tiene tu valentía y tu fuerza puede lograrlo.
Mi padre agitó la cabeza desesperadamente.
– ¡No! Sólo quieres ver muerte, sólo quieres convencerme de que te deje llevarte a mi hijo para convertirlo en un asesino y que probablemente muera joven, tratas de convencerlo hablándole de gloria y grandes aventuras, pero sólo hay muerte en la orden… –
– No tuviste la culpa de que muriera Isabel
– ¡No te atrevas!
Los dos hombres se miraron fijamente, mi padre no dijo más, y el Maestro se despidió.

Los días pasaron y jamás se mencionó el tema, mi padre no lo hacía y yo no me atrevía a preguntarle. De pronto mi padre empezó a flaquear, necesitaba mi ayuda en tareas que antes realizaba sólo, así que dejé de salir al bosque. Mi padre estaba enfermando, día tras día empeoraba más, hasta que una noche me dijo:
– Debes ir con Remiel, yo no creo que pueda soportar más y no quiero que me veas así. Él y yo tenemos nuestras diferencias, pero ha sido siempre mi mejor amigo, seguro cuidará de ti. Ya le envié un mensaje y mañana vendrán por ti, no te preocupes, estaré bien. Hijo, si decides ser un guerrero por favor se el más grande guerrero que este reino haya visto.
Le llevé a su cama, estaba muy cansado, me despedí de él y me fui a mi cuarto a preparar todo para mi partida.

No estaba muy emocionado por partir, siempre había vivido en esa casa, pero la curiosidad sentía por la orden y la promesa de aventuras sin duda eran incentivos que no podía ignorar.

A la mañana siguiente, me dirigí al cuarto de mi padre y ya no estaba ahí, me asusté, pero de pronto oí voces en el taller y me dirijí ahí. Unos soldados platicaban con mi padre el cual a pesar de su enfermedad se mostraba un poco revitalizado y alegre, cuando me vio me sonrió, pocas veces lo había hecho, nos despedimos de mano, ningún abrazo, ni una palabra, pero en su mirada pude ver el inmenso amor que sentía por mí, su único hijo y única herencia de su amada esposa.

Eran 2 los soldados que habían venido por mí y traían un caballo extra, nunca había montado, y se los hice saber, los soldados se vieron, rieron y me dijeron que no había problema, que montara, ellos se encargarían de lo demás. Y así empezó mi nueva vida, mi viaje, que me ha traído a esta alejada isla del reino.


Historia sin título

mayo 29, 2009

Siempre me ha gustado leer, y ahora me he puesto a escribir. Este es el primer capítulo de un cuento de guerreros, leyendas y viejas glorias, espero que les guste.

Capítulo I  – Almira

Era una noche tranquila, aunque muy húmeda, tanto que parecía que una tormenta se avecinaba, estaba apunto de llegar al muelle de un pequeño pueblo en la lejana tierra de Amira. ¿Qué viejo guerrero de la orden querría pasar sus últimos días ahí? Bueno, no era de mi incumbencia, el Maestro me había ordenado ir ahí para cumplir la última parte de mi entrenamiento, me entrenaría ni más ni menos que el grandioso Rembrant, el poderoso espadachín capaz de combatir a 10 guerreros de elite y salir ileso, el que sólo venció a todo un batallón de albiones sin siquiera un rasguño. A pesar de todo lo que se decía de este personaje él se negaba a asistir a las reuniones de la orden, muchos decían que ya había muerto, espero que no, debía ser así, si no, ¿por qué el maestro me había enviado ahí?

Llegamos, desembarqué, fui el único, aparentemente nadie más quería tener nada que ver con ese pueblo olvidado de dios, algunas muecas de terror en algunos de los mercantes a bordo del barco, los marinos sonreían, aparentemente sabían algo que yo no, en fin, no tenía miedo, era diestro con el arco, conocía algunos hechizos, sabía lo básico de alquimia, lo único que no había podido perfeccionar era el manejo de la espada, por eso estaba ahí, con eso terminarían estos 6 años de entrenamiento y no podría defraudar a mi Maestro, Lemiel, el más grande arquero de toda la historia.

Mi maestro había estado, como los otros maestros de la vieja orden en la batalla librada hace 50 años contra Albibion, una batalla sangrienta, donde murieron cientos de miles de soldados, pero fue gracias a los 5 grandes de Elveland: Rembrant, el mejor espadachín que esta tierra haya visto jamás, Nicolás el genial alquimista, Risbik el poderoso Hechicero, Almeria conocedora de los secretos de la vida, y por supuesto mi maestro, Lemiel, el noble arquero capaz de atravesar la más dura armadura  a más de 1 km de distancia.

Por supuesto, todo eso era leyenda ya, la vieja orden dejó de existir y una nueva fue creada, mi maestro fue el único que quedó, los otros maestros se retiraron, algunos se exiliaron, por orden de mi maestro fui en búsqueda de cada uno con el fin de aprender sobre las artes de combate, ahora sólo faltaba aprender a usar la espada.

El pueblo era pequeño, una sola calle principal que iba del muelle a la vieja mansión al final del pueblo, donde vivía el antiguo guerrero. Todo estaba en silencio, ni siquiera los perros se oían ladrar mientras caminaba por la calle principal, la mansión era la única que daba señales de vida, una pequeña luz se veía en una de las torres. La mansión no era tan grande, de hecho no sé por qué le llamaban mansión, pero al ver las demás casas me di cuenta por qué, era significativamente más grande que las casas del pueblo, la cerca estaba descuidada, rechinó la puerta al abrirla, el pasto no estaba podado, un viejo roble dominaba el jardín, se veía siniestro en la oscuridad, parecía observarme, pero no presté atención, no era mucha la distancia de la puerta principal a la cerca, toqué la puerta, ni el más leve signo de que alguien hubiera escuchado, toqué otra vez, pero justo mientras lo hacía la puerta se abrió, me sobresalté al ver que un viejo flaco, canoso y encorvado me habría la puerta, sus ropas estaban roídas y apestaban, me miró y dijo – ¿Qué haces aquí? ¿Quién te envió? – fue algo brusco, su ceño fruncido, y esos ojos llenos de ira me hicieron vacilar, pero respondí – El Maestro Lemiel me ha enviado para mi entrenamiento – En tono burlón respondió – Bah, ¿”El maestro Lemiel”? ¿Tu entrenamiento? No me vengas con estupideces, dime, ¿a qué has venido? – ¿Que demonios le pasaba a este viejo, no acaba de oír?, pero con paciencia respondí – He venido a que el Maestro Rembrant me adiestre en el arte de la espada – Su expresión se tornó más seria, sus ojos mostraron un profundo rencor, dijo – Rembrant murió, será mejor que te vayas por donde viniste – Cerró la puerta en mi cara y me quedé ahí parado sin poder reaccionar.

¡¿Qué?! Rembrant había muerto, no puedo creerlo, ¿a qué vine entonces? ¿el maestro no lo sabía? Eso era improbable, pero entonces, ¿por qué había dicho eso el anciano? Ni bien me había formulado estas preguntas cuando se abrió la puerta de nuevo y el mismo viejo salió, pero ahora salía sereno y con unos ojos llenos de bondad, parecía por completo otra persona, empezó a hablar en un tono amable – Disculpa mi torpeza, en este lugar uno debe ser precavido con los visitantes, es verdad que el guerrero Rembrant murió, pero pasa, que el siguiente barco no pasa dentro de 2 días y no hay ninguna posada en el pueblo, podrás quedarte aquí mientras tanto, lamento que no hayas encontrado lo que buscas -.